miércoles, 2 de marzo de 2011

Sicologia animal


Las investigaciones de sicología animal se remontan a la obra de Charles Darwin “Expresión de las emociones en el hombre y los animales”, y posteriormente, con las obras de numerosos darwinistas o evolucionistas ortodoxos, se buscó encontrar en expresiones del comportamiento animal, similitudes o diferencias con la conducta humana, tal si se tratara de una sicología comparada.

Desde que Renato Rodríguez se entero de que dentro de las innumerables dudas y problemas científicos existía uno relacionado a la posibilidad de inteligencia animal, quedo maravillado. Pronto, descubrió que la escuela evolucionista ortodoxa había planteado el estudio de la sicología animal en términos mentalistas, es decir dualizando a sus objetos de estudio en mente y cuerpo, y buscando en la mente – ese amorfo y abstracto objeto de la sicología – similitudes entre hombres y animales. Citando los trabajos de los primeros años de Rodríguez encontré: “Los mentalistas en sicología animal olvidan que buscar analogías entre hombres y animales a nivel del estudio de la mente (como paradigma sicológico) supone un estado en el cual el hombre se considera algo por encima o por fuera de lo animal, como si se tratara de una criatura superior, suprema (y pienso en Sloterdijk, y pienso en que los hombres también son un rebaño)”

Pronto los intereses de Renato se difuminaron y a la sicología animal se unieron el thrashcore punk, la arquitectura del siglo XX – en especial la Bauhaus –, la física teórica (su profesor de física en el colegio le había dicho que tenía muchas habilidades para la abstracción matemática) y Daniela Romo, alumna de Estudios generales letras de la promoción 1981, 1.65 metros, pelo castaño, ojitos pardos y sonrisa traviesa.

Estaban ya los ingredientes de su magnánimo y futuro aporte – ¡oh Renato, si Daniela hubiera sabido cuán grande serias en el futuro hubiera dejado al mediocre Augusto Venegas y sus necedades! – del experimento que habría de revolucionar dos áreas completas del conocimiento humano, y sin embargo, que pequeño, que insignificante – con ese acné, esa voz cadenciosa, esas divagaciones balbuceantes en la cafetería central – que era aun Renato, y éramos pocos los que ya lo admirábamos cuando veíamos que se sentaba en la octava fila de los salones tipo auditorio de la facultad de letras y escuchaba música a todo volumen mientras el profesor llegaba, y entonces hacia el gesto triunfante de quien ha dejado de sufrir un padecimiento inenarrable con el fondo de las conversaciones miraflorinas sobre fines de semana, amores y desamores.

Recuerdo que lo único que supe de él antes de su desaparición por mucho tiempo, y la posterior gloria intelectual, fue que publicaron una pequeña nota sobre uno de sus proyectos de sicología animal en el periódico universitario. Debía probar la memoria animal mediante un simple experimento con un ratón – ese mártir silencioso de la ciencia de todos los tiempos -, colocándolo en un laberinto varias veces, hasta que el animalillo encuentre el camino sin tropezar, recordando la fórmula perfecta de derecha-derecha-izquierda-derecha-izquierda-izquierda.

No supe, no supimos, e intuyo nefastos resultados de ese experimento, nada más de Renato durante muchos años. Un par de veces me lo cruce por los jardines, y lo veía cada vez mas ido, mas perdido en sus elucubraciones, esas que no podría expresar con una certeza macabra, porque nadie lo entendería, nadie lo podía entender. Luego, volvió a la vida pública con un ferviente apoyo político a un minúsculo grupo de izquierda anarquista radical primitivista. Esa fue la primera vez que hable con el personaje que había admirado desde mi ingreso a la universidad. Teníamos la misma edad fáctica (esa que se cuenta en años compuestos de meses, días, horas, minutos, segundos…), pero el sabia y comprendía mucho mas del mundo que yo y me parecía que sus años duraban mucho mas, lo suficiente como para aprender, entender y criticar al marxismo en un par de meses o escribir ensayos sobre las implicancias éticas de la experimentación con ratones (los abnegados héroes de la ciencia). Hablaba de Joyce, de Newton, de Kant, Marx, Foucault, Darwin, emprendió una crítica mordaz contra la retorica lacaniana que “travestía al sicoanálisis”, los crímenes de Ruanda, el fin de la guerra fría, el consumismo, Tel Aviv y su arquitectura Bauhaus, Unabomber…¿Unabomber?

¿Quién era Unabomber? Nada más ni nada menos que Ted Kaczynski, el artífice del recién estrenado primitivismo anarquista de Renato, un hombre de ciencias puras, exactas, precisas (pienso en la elegancia de las matemáticas y sus formulas) que renunció a la sociedad y a la vida de cátedra universitaria (o siquiera de cómoda disidencia política, esa que se practica desde la academia) y se aisló en una cabaña, todo un eremita de la vida moderna. Y desde ahí perpetro ataques con cartas-bomba para denunciar la estructura del capitalismo contemporáneo.

Mientras me hablaba de él, había en Renato el fulgor juvenil de las primeras lecturas sobre sicología animal, la certeza de que existe una verdad que es incuestionable, que se debe defender, que es en sí misma grandiosa, loable. Yo aun lo admiraba porque había una mordacidad verdadera en sus críticas, pero ya no sabía si seguirlo como en los años en que descubrí por imitarlo a la obra de Darwin, o temerle porque tamañas ideas ponían en tela de juicio a toda una historia tendiente a la civilización más que a la animalización. En ese momento percibí la conexión profunda entre Unabomber y la sicología animal. Había algo de místico en la idea del salvaje hedonista, una creencia confiada en la bondad de la naturaleza, en una sabiduría presunta proveniente de la tierra, de los bosques, en resumen, de la ausencia de cemento.

El grupillo de primitivistas de Renato fue tachado de ecologista por quienes necesitaban agrupar a la izquierda verde y así atacarla más fácilmente, y poco tiempo después Renato volvió a desaparecer con la bruma limeña de mediados de mayo. Durante un año no volví a saber nada de él, pero ahora era una desaparición verdadera. Ya no lo veía a lo lejos, saliendo de las clases de alumno libre que tomaba en la facultad de matemática, ni caminando por los pasillos del pabellón de filosofía, discutiendo airadamente con un heideggeriano confeso o con algún remanente existencialista extrapolado desde mayo del 68.

El no verlo trajo consecuencias nocivas para mi curiosidad intelectual. Me había estancado en los avances hacia la gran unificación de la física, y el derecho me había vuelto a absorber. ¿Sabría Renato algo de Derecho? Seguramente lo despreciaba pues en sus utopías (pienso en Tommasso Campanella y en Tomas Moro y yerro el camino otra vez, tal vez Renato pensaría en Asimov y en Aldous Huxley) la regulación de un levitan normativo era innecesarias pues la mejor ingeniera social es aquella imperceptible a los ojos de sus partes; y el derecho, con su capacidad de enforcement, con su poder judicial y sus jueces, con sus abogados y su doctrina, eran ridículamente visibles, hasta patéticos por la torpeza de su aparatosidad.

Tiempo después me vine a enterar de que Renato había estado en Estados Unidos
trabajando como indocumentado. Haciendo labores varias entre hacker y electricista en un barrio latino de New Jersey. No me explico cómo pero entre tantas dificultades para provocarse sustento, al parecer Renato había continuado con sus investigaciones pero ahora había puesto un mayor énfasis en la física, y más precisamente en la posibilidad de realizar viajes en el tiempo.

Otra vez un ratón era el personaje principal – el héroe trágico pienso - de un experimento que de funcionar revolucionaria nuestra comprensión del mundo tal como la relatividad einsteniana terminó con la predominancia de la mecánica de Newton.
El ratón recordaría – porque el aspecto de sicología animal no se había descuidado – el camino que lo llevaría fuera de el laberinto pero – y aquí estaba el ingrediente nuevo – sin aparentemente haber realizado el camino previamente ¿Cómo era esto posible? Pues porque el ratón ya había realizado la búsqueda de la salida en el futuro, y solo la estaba recordando.

Rápidamente opuse objeciones incuestionables al amigo que me contaba estas novedades de Renato. Le dije que los viajes en el tiempo hacia el futuro son imposibles porque se requiere moverse a una velocidad mayor de la de la luz, y que eso era imposible. Le dije que mientras los cuerpos se acercan más a dicha velocidad, aumenta su masa de manera apresurada y que se requiere cada vez más energía para impulsar a la masa en aumento. Terminé mi gloriosa argumentación – ahora recién reparo en la cobardía de hablar de estos temas con alguien que no entendía un ápice de cuestiones cosmológicas – señalando que para llegar a la velocidad de la luz se requiere una cantidad infinita de energía porque la aceleración aumenta la masa hasta el infinito, y que en ese punto, cuando uno llega a hablar de infinitos sale de la cancha la cosmología y entra la teología y que con todo el cariño y respeto que le tenía a Renato pero eso no es posible.
En respuesta solo recibí un “lo que quieras, pero él ha encontrado una forma, ¡y yo la he visto!”

No podía dar fe de ello, no podía creerle a este amigo. Renato debía haber usado algún truco de ilusionismo, o debía haber usado sus conocimientos de sicología animal de manera perversa para sorprender a su ensimismado espectador. Pero Renato Rodríguez, el que vi por última vez en Lima hace un poco más de un año, primitivista y autodidacta, no era un hombre que gozara luciéndose frente a los demás así que el experimento debía ser veraz, ¡Le había perdido el rastro a Renato!, otra vez el estaba un paso delante mío y necesitaba que me explicara el comportamiento del ratón que salía del laberinto sin haber estado nunca en el.

Rápidamente busque a quien me pudiera dar su correo electrónico o su número telefónico en New Jersey pero nadie en la ciudad parecía recordar a Renato Rodríguez, nadie, incluso sus ex compañeros primitivistas, o los jóvenes filósofos y matemáticos con los que discutía airadamente hace tan poco tiempo. Parecía como si el recuerdo de Renato se hubiera esfumado o borrado como consecuencia de una experiencia traumática en la memoria de sus interlocutores. Pienso en la acidez argumentativa acompañada de la sapiencia en la destrucción de las retoricas adversarias, pienso en Renato como un depredador de las ideas de la contraparte, todo ello debería generar el efecto de una experiencia traumática que es necesario borrar para preservar el orgullo y la autoestima propias. ¿Y porque a mí no me habían herido sus observaciones, criticas o actitudes despectivas? Porque yo nunca me creí un par de Renato, alguien a su nivel como para discutir sobre alguno de los tantos campos que Renato conocía con un incuestionable nivel de erudición. Yo aprendía de él, y por eso ahora necesitaba entender cómo demonios había hecho para lograr que un ratón viaje por el tiempo a la vez que recuerde el camino para salir del laberinto ¡Recordar!, esa magnífica función de la mente humana – y al parecer no solo de ella – tan importante cuando el amor ha terminado o uno se encuentra en el preludio de la muerte, con una vejez cada vez mas pertinaz e insolente.

Al no conseguir sus datos, una pena certera me asalto. Muchos de los misterios del mundo seguirían ocultos para mí mientras no recobrara a Renato de las ocho horas como hacker o electricista en el lugar menos primitivista del mundo: New Jersey. Y tome la decisión de ir a buscarlo aun con el abatimiento de saber que en un país con millones de migrantes ilegales, encontrar a un peruano de entre veinte y treinta años sería casi imposible, pero para auto complacerme pensé que mientras no llegara al infinito – y se mantuviera en remotas posibilidades -, todo estaría bien.

Avanzaron un par de meses de desesperación por conseguir el dinero necesario para ir a buscar a Renato, entre el final de mi carrera y el trabajo que me absorbían, y el mismo amigo que me había contado sobre su nuevo y magnifico experimento, me comento que Renato vendría al Perú para consagrar su gloria y lograr su beatificación científica. ¡Llegaría a Lima en unas semanas!

Luego, recuerdo que los meses que siguieron fueron intensos y desbocados, mi concepción del mundo, el tiempo y el espacio cambiaron radicalmente, pero mi comprensión de los mismos no mejoró, seguía absorto frente a las descripciones sobre el funcionamiento del todo. Aquí, en mi cuaderno de notas, que leo frente a Renato Rodríguez, PhD. En Física y filosofía, sicólogo y eventual electricista y hacker, dice que me convertí en su discípulo desde su llegada a Lima y que él me preparo con una dedicación extraña a su inconstancia y poca paciencia.

Leo esto antes de iniciar el último experimento previo a que se me revelen los misterios ocultos del universo, el mecanismo mecánico detrás de la belleza de las constelaciones de la noche. Sé que lo que leo ya lo viví, pero a la vez, se que aun no lo he vivido, provienen de un yo que no soy yo, un yo que ya pasó por esto, a quien el misterio ya le fue revelado, un yo que me antecede.

Antes de iniciar el experimento veo a Raúl y el fulgor en sus ojos, yo soy la cumbre de una vida dedicada a la ciencia, a la sicología animal y a la física teórica, yo soy el huidizo animalillo que él manipulo toda su vida, ejerciendo a lo lejos una atracción y fascinación enfermizas. El sabia que este día llegaría, yo soy la comprobación de su teoría ¡oh Renato, yo soy el ratón, yo soy el héroe magnánimo, abnegado y temeroso de la ciencia posmoderna que estas a punto de inaugurar, salud por eso!

sábado, 5 de septiembre de 2009

Si para Kate Moss fuera su...dirty robot!

yo tambien quiero ser artie


ultima y poco ortodoxa despotricada contra las leyes.

No se como - porque la mayoria de las veces estoy tan distraido que la vida me pasa sin hacer nada al respecto - pero llego un libro sobre vanguardias del arte a mis manos hace unos dias. Lo abri con cierto recelo, sabiendo que una vez que pacte con mi vieja la tregua de supervivencia - por la cual yo estudiaba derecho, sin chistar, y ella me mantenia en la catolica para que siguiera soñandome caviar, lejos de la mierda del mundo real - la literatura, el arte y el hedonismo habian acabdo para mi. En mi horizonte solo veia doctrina y leyes ad infinitum, no porque quisiera ser un abogado leguleyo, sino porque conocia la axistencia del vertigo. No toleraria el lirismo otra vez en mi vida. Si por asomo, leia una de las paginas amarillentas de la insoportable levedad del ser otra vez, seria muy tarde para mi. Si queria ser fiel al pacto, mi espiritu no podia desfallecer ni una sola vez. El resualtado es la emanacion del leviatan literario al que le importa un bledo las leyes, la doctrina y el regimen. Un sadico hedonista libertino...todo lo opuesto a lo que mi mama quiso que sea, perdon viejita, en serio.

lunes, 3 de agosto de 2009

Bricheos eventuales I

Cuando conocí a Silvana tenía veinte años, demasiado joven para entender el gran engaño de la vida, el amor, demasiado viejo para no saber que si no tomaba la decisión de seguirla hasta el final perdería la gran oportunidad de vivir sin haberme arrepentido de desperdiciar mi juventud. La conocí en un bar pequeño de esos que abundan en Puno, lleno de esos clichés folk fashion y con Bob Marley de fondo. Porque si algo es Puno, es una Kingson a casi 4000 metros sobre el nivel del mar, con ese ambiente caribeño acompasado por un viento puramente gélido propio de los andes peruanos.
-Ho-hola – ¡wonderfull!, que saludo tan creativo.
-Hola… - su desgano me dijo todo, simplemente no le interesaba. No me daría tiempo para hablarle de que estudiaba sociología en la Católica, que respetaba y me apasionaba la vida rural de los aymaras, de que pretendía perderme en sus costumbres, pero nunca tanto, porque un colorado es como sarna en sus comunidades, y tarde o temprano pica demasiado y es necesario buscar una cura.
-¿Qué querès ché?
-Nada… - aquí debí decir algo creativo pero una estupida laguna mental me prohibió hilar algo irónico o ingenioso, simplemente si hablaba la cagaría con alguna frase hecha y patéticamente pretenciosa, baje la cabeza y ella sonrió.
-¿Por qué te ríes?
-porque querès ligar conmigo y no te sale nada – Silvana soltó una carcajada propia de una chica sin remordimientos, la mujer de mundo a la que no le pesa el genero y que le da lo mismo soltar la peor grosería que acariciar los cabellos de quien ama.

Sonreí, no me quedaba otra. Atrás, Franco y Cristian me miraban divertidos, había perdido la apuesta, yo, el pendejito de Lima quedaba en ridículo frente a una gaucha mas de mundo que yo.

-bah…solo quería hablar contigo, pero veo que te pones agresiva, así que vuelvo con mis amigos… - cogì lo ultimo que me quedaba de dignidad, la ultima mísera pizca que sobraba luego del letargo que me produjeron sus ojos verdes, era un huevon, hoy mas que nunca.

Relatar mi primer encuentro con ella siempre me produce sentimientos ambivalentes. Por un lado, se que si la conociera hoy sabría que le guste desde aquel momento, pero que su orgullo de chica alternativa, vegetariana y free lance no le permitía hacerle caso a cualquier pelele de la noche a la mañana. Hubiera comenzado la conversación diciéndole que su bolso era tejido por los pobladores de Taquile, que ellos habían estructurado un tipo de economía alternativa consistente en la cooperación entre todos. Al fin de cuentas, lo que buscaba Silvana, y que nunca entendí del todo, era un pequeño reducto en el mundo donde aun no todo se comprara y vendiera, donde el Che Guevara armara revoluciones y Macdonalds no pasara del posible apellido del misionero gringo de la parroquia mas cercana. Yo en cambio, me le acerque como en una pésima película de Hollywood, en esas en las que el protagonista tiene un Martini en la mano y viste con una camisa negra elegantemente desabotonada.

martes, 2 de diciembre de 2008

PUCP fiction.

¡Mataron a George Lucas en la PUCP! - La noticia se extendió mas rápido que un "Chama" manejado por Ayrton Senna - ¿Como era posible? Si, en un modo digno de su investidura de santo patrono del nerd-ismo mundial había sido disparado certeramente por un francotirador. Con cerquillo y reciente barriga aun discreta, con actitud de intelectual cínico y españolado y casa en Miami, desde un helicóptero tiburón despintado que sobrevolaba esa especie de isla de LOST que era la PUCP. ¡Lo habían matado! y la bala había estado dirigida expresamente contra el, no contra el rubio muy marcial que a falta de cinturón usaba correa, no contra el polaco - papa PUCP - que le decían así porque decir su nombre era mas difícil que cagar parado. No contra todos esos viejitos bonachones que tomaban vino esa nubosa y fría mañana de ese mes que no recuerdo de un año por venir. ¡Que ironía George Lucas! Que murieras en el futuro cuando ubicaste tu apasionante historia de Yedis y fuerzas oscuras, y de grandes peludos de nombre sancuachiento, en un pasado tan lejano, y todo, todo, pareciendo parte de un futuro tan distante. Yo, nosotros, ellos creemos que ese fue el problema, agonizante George. No entendieron tu juego con el tiempo y yo no creo que tampoco entiendan el mio. Tal vez me maten ayer o derepente ya he muerto mañana, pero tu, George Lucas, no exhales tus 21 gramos son escuchar las sabias palabras palabras del cuy mágico por ultima vez..."Preocuparte no debes, yo te presto" (¿?)

miércoles, 30 de julio de 2008

ब्लैक होल्स...

Tecnicamente,un hoyo negro era una singularidad hiperdensa, tan densa que incluso la luz no podia salir de su campo gravitacional, y ni Einstein ni Newton diferian en ello. No importaba la teoria, el hoyo negro siempre estaria ahi, tan indescifrable como la exitacion que Space nerd sentia al contemplarlo.
Devoraba furiosamente las rocas, asteroides, meteoritos, cometas...todo lo que se acercara a el. ¿Que habria mas alla?, no Space Nerd, la pregunta estaba mal formulada, un hoyo negro no podia ser estudiado, no existia el mas alla de el. Si la luz, tecnicamente la portadora de la mayor velocidad cosmica posible, no podia salir de sus rejas invisibles, nada lo haria.
Pensaste en el como un ave fenix, la mas majestuosa posible, que devino de estrella vieja y decadente, que habia gastado todo su combustible brillando, en hoyo negro hiperdenso, devorando todo a lo que le habia dado vida con sus rayos. Un ying yang que de bondad devino en maldad, en un Prometeo desencadenado, incontenible incluso por las leyes iniciales que regian tu universo.

La nave se mantenia a una distancia segura, pero la emocion expresada en vertigo, ese que leiste alguna vez en un libro de Milan Kundera, el vertigo que impulsa hacia lo peor, lo catastrofico, aun sabiendo las posibles consecuencias. Lo opuesto al instinto de supervivencia, su antimateria...ese vertigo se apoderaba de ti. ¡No!, no se apoderaba, ya lo habia hecho. Te acercarias demasiado, entrarias en el hoyo, y quien sabe, talvez un nuevo universo, un nuevo horizonte de eventos, como lo llamaban los fisicos, se desplegaria ante ti. ¡Demente Space nerd!, el viaje te habia transformado en un voluptuoso monstruo sentimental, sediento de llorar, reir, gritar...
¿que harias?, acaso secuestrarias la nave, ¿tu? - no serias capaz. Eras demasiado politicamente correcto para hacerlo, eras un bohemio parisiense diciendose anarquico y viviendo en una Rue del centro de Paris. No, no eras un salveje, un Paul Gauguin.
Aún pervivian en ti la moral cristiana, el burgues rancio, no pasarias la barrera...

Pero...pobre orate, ¿que haces?, debiste idear un plan ¿eh?, lanzarse de frente contra el piloto de la nave no es lo mas inteligente que has hecho en tu vida, y las consecuencias podrian ser demasiadas para tu voluntad de viajar y recorrer el universo. Seguro te encarcelarian, el piloto te denunciaria y acabarias en una prision pestifera, al lado de los peores criminales de la galaxia. Algunos de ellos exquisitos, cultos como Hannibal Lecter, irresistibles y a la vez crueles, tipos que pasaron el umbral que hoy intentaste pasar y que ahora pagan su condena. Porque la sociedad teme Space Nerd. Quienes te controlan son debiles y temen a los superhombres, a quienes asumen su maldad y su bondad como suyas, y las usan a su antojo. Esos hombres que le tienen alergia a Dios...¡pero tu no!

¿Que harias?...piensa webon, piensa. Ah pero no contabas con el piloto, el tambian habia sentido ese vertigo en sus años de principiante, pero pudo mas su cobardia que su maldad, te vio y sonrio. Luego te dejo libre, no en la cabina de pasajeros, seguro alguno de esos cobardes te acusaria y la buena accion del capitan se hiria a la mierda. Te soltaron a la bodega, lejos de tu hoyo negro.

Pero algun dia lo harias SP, cruzarias el umbral hacia esa singularidad, ese punto ¿geometrico?...bah, ni siquiera sabemos la geometria del universo y queremos encasillar a tan maravilloso evento en una definicion tan mediocre. El era si mismo,no ingente, no sentia necesidad de nadie a demas de quienes devoraba furiosamente. El hoyo seguiria ahi, esperandote cuanto tiempo necesitaras para volverte un superhombre Space Nerd, y te despidio sin tu poderlo ver.

jueves, 24 de julio de 2008

Perro maldito.


Llegando a aquella extraña ciudad, tan anacronica no en el sentido usual, de retrasada en el tiempo, de incapaz de asimilar un mundo cambiante, sino en un modo distinto, en el de la imposibilidad de determinar su pertenencia a un tiempo preciso, a una era. Era todas y no era ninguna, era moderna y a la vez molestamente atrasada. En ese lugar, molesto como sobrecogedor, Spacenerd conocio a El perro, un hombre pequeño, de usos extraños, maloliente a niveles no humanos, no animales, no admisibles. Llevaba un manton viejo y arrugado, raido por todos lados, y con manchas indescifrables, ¿sangre? ¿sudor? ¿semen?, o una conjuncion de todo lo anterior, ah y algo de excremento.

Te veia con descaro, con cinismo, con su cinismo, el mas sincero jamas imaginable, y sinceramente eso te daba miedo, un pavor profundo porque sentias que desnudaba tu estupida condicion, la reducia a una unica verdad, alejada de barrocas construcciones identitarias.

El perro era peculiar, si, los niños se le acercaban y lo molestaban con bastones de madera caoba mientras el meditaba apaciblemente con los ojos cerrados. De pronto, un sobrecogimiento no externo generaba una ereccion grotesca, y los niños corrian despavoridos a contarle a sus padres sobre la ultima patraña de ese cinico, tal vez el unico de verdad.

-Hola, ¿tu debes llamarte Diogenes? (lo dijiste tembloroso Spacenerd, sabiendote inferior a aquel decadente estropajo).

no te contestó, lo que siguio fue un silencio insoportable, 10, 20 ,30, 40 segundos...mil horas, una vida. Recuerdas que casi lloras?, que te viste vencido por quien todos consideran un vencido?.

Que recuerdes, nunca en tu vida los paradigmas que guiaban tu comportamiento etico se habian removido de esa manera. ¿Valia tu forma de vida?, conocias tan solo algo, muy poco de la verdad? o simplemente vivias en la eikasia, en el creer saber?.

Te alejaste muy contrariado, mas cediendo ante las suplicas de tu nariz que por ganas verdaderas de dejar ese lugar, el peor de la peor ciudad posible.

Mientras caminabas de espaldas al perro escuchaste, como si alguien interrumpiera tus pensamientos, la frase "conocete a ti mismo" una y otra vez, entrometiendose en tus planes, ideas, preocupaciones. Giraste la cabeza, sabias que habia sido el perro, que de alguna manera te habia vuelto a vencer y habia penetrado en tu debil y estupida mente. Solo viste a un viejo depravado masturbandose en publico mientras lanzaba diatribas a toda voz contra los corruptos y aristocratas de la ciudad. Los niños reian ante tan bizarro espectaculo, y unos guardias corrian para calmar al demente aquel, a ti solo te quedo una ultima pregunta...¿demente?