jueves, 13 de junio de 2013

Tiempo


Últimamente mi único enemigo mortal es el tiempo, el muy hijo de perra tiene un mecanismo de divide y vencerás contra el que no puedo competir. De pronto deseo que los minutos pasen para salir del trabajo…y luego me doy cuenta de que mis 24 años han estado repletos de esas pequeñas ansiedades y ahí, solo ahí percibo que me está ganando. Que el tiempo siempre gana y siempre pasa. Y eso.

sábado, 20 de abril de 2013

Amigos


Hoy por una arbitrariedad absoluta – aunque la vida siempre es un proceso estocástico, casi nunca determinístico – di con la foto de una amiga de hace mucho tiempo. Bueno, ni tan amigos, pero es una persona agradable. Recordé que la conocí el primer día de mis siete años en la universidad, aunque decir que la conocí es un decir (nunca me queda claro si estos juegos de palabras quedan graciosos o patéticos). Ella estaba esperando a su enamorado (tampoco me queda claro cómo definir a esas relaciones que escapan del cliché, que trascienden por su real conexión) mientras escuchaba Led Zeppelin en la librería de la Universidad. Él era la primera persona que me hablaba en la Universidad, en ese lugar en el que me gustaría pasar el resto de mi vida (en la Universidad como institución, no en esta o aquella en concreto). Luego la recuerdo de las clases de historia del arte que llevamos en algún momento y que creo que ninguno de nosotros aprobó. Eran insufribles, tres horas de arquitectura incaica y colonial que, previa disculpa por la insolencia histórica, me importaban un comino. Así que preferíamos hablar de las clases de cosmología que ella ya había llevado y yo estaba llevando. Recuerdo algunas de sus manías porque me daban gracia por su autenticidad y también recuerdo que gracias a ella descubrí el placer de las galletas laminadas para vegetarianos (una de mis obsesiones hasta hoy). En fin, decía que la recordé al paso porque todas las memorias que cuento fueron de una cotidianidad absoluta y no tienen que ver con ninguna historia coherente. Solo supe algún tiempo después que se intentaba dedicar al arte pero que desistió por una de esas crisis que van hundiendo a gente tan de puta madre (algún día un economista realizará un estudio sobre la cantidad de gente de puta madre que se pierde por ahí y de la que nunca se sabe nada). De su enamorado, supe que le va muy bien, y también tengo buenos recuerdos de él. Nunca nadie había definido mi esencia nómade tan bien como él, y temo que nadie lo hará. A los dos, donde sea que estén y aunque nunca me vayan a leer, un abrazo.

domingo, 10 de febrero de 2013

Meteorólogos


La ciudad anduvo soportando temperaturas de más de 30 grados. Todos los días. Durante 6 meses. Al principio se pensó que era una ola de calor pasajera pero pronto los servicios meteorológicos reconocieron su error (cosa por demás bastante común) y señalaron que el calor había llegado para quedarse. Al día siguiente del anuncio presenciamos la primera nevada en la historia de Lima. Los niños hacían hombres de nieve pero estos tenían una capa de polvo y smog que les daba un toque siniestro y criollo. Alguien por ahí dijo “así son los meteorólogos”.

lunes, 28 de enero de 2013

Voices in our heads never gonna stop

Lo único que recuerdo de los viajes en tren con el viejo y la vieja es el llanto de los niños en los asientos cercanos. Nunca paraban, pero había un punto en el que la ecuación del silencio los incluía y así se podía obviar la diafonía de cada grito. Recuerdo que esa capacidad de adaptación me causaba asombro de niño. Aún ahora pienso que un triunfo evolutivo consiste en la aptitud para vivir con el silencio de la muerte todos los días. Pienso en la radiación de fondo de microondas y el tiempo que nos tomó saber que siempre estuvo ahí, como las pistas “en las narices” que dejan los grandes asesinos. La obviedad es el mejor escondite decía mi abuelo. Entonces el asunto que afronto hoy ha de tener una solución parecida. Las voces no van a parar jamás, pero solo tengo que encontrar la forma de hacer que no jodan tanto. Para ello he pensado en un par de opciones, una de ellas totalmente acorde con la selección natural, aunque ahora que lo pienso mejor, la opción opuesta es también el triunfo del postulado de la supervivencia del más fuerte. La primera – que representa un mecanismo adaptativo – es habituarse a las voces, ignorarlas o conversarles, construir mundos alternos con su presencia. La apariencia de locura es un precio pequeño en comparación con el final del hoyo en el pecho. Y la otra opción es el final con la muerte. Con la ausencia de sinapsis auguro el fin de las pulsiones, y con la ausencia de la vida auguro la incapacidad de expresar cualquier futuro. Esto último no es novedad, pero sí lo sería para un religioso obstinado en la vida eterna. Imploro porque no exista. En el triunfo de la incoherencia le imploro a Dios (con mayúsculas) porque no exista vida después de la vida, que todo final sea el final.

lunes, 22 de octubre de 2012

Té para tres

Vuelvo a escribir después de tanto tiempo, Dios, tanto tiempo. De fondo, muy al fondo, Cerati taladra mis tímpanos con té para tres. Pienso en cosas. Bueno, todos lo hacen. Pero yo pienso en mis cosas, y eso me distingue de los demás, así como a ellos los distingue de mí. Pero a veces pienso que mis cosas son distintas, que sino no habría explicación a mi soledad y alienación. He pensado en comenzar un viaje muy largo. Más largo que lo que llevo de vida, y espero encontrar en el maltrato de mi cuerpo una suerte de sentido trascendental. Mi madre dice que es la edad, una suerte de crisis de pre adultez o algo así. El punto es que no importa, puede ser cualquier cosa, incluso una molesta y pertinaz aflicción sicológica pero me gusta. Me agrada vivir en ella y con ella. He pensado en los detalles del viaje, el día de la partida, los implementos necesarios, los amigos que uno deja, la vieja, el viejo y el futbol, el negro de mi hermano, la gordita de mi hermana, la niebla… He pensado que mi carácter es complicado e insoportable. En mis silencios, en las preocupaciones que provoco. He pensado que escribo para saber lo que no sé, quien soy. He concluido que no sé quién soy y que por eso necesito viajar.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Cajas


Le entregué una caja. Lo demás, absolutamente todo lo demás ella lo sabe, esta en la caja. Bueno, está y no está...

jueves, 23 de agosto de 2012


Estos bares de mierda están cada vez más llenos. De un tiempo a esta parte las restricciones del gobierno solo han logrado la atracción y el morbo. A la gente le gusta sentirse rebelde, aunque su máximo cuestionamiento al sistema sea caminar tambaleantes a las cuatro de la mañana. Pero después de todo veo mujeres muy bellas que antes no aparecían por estos lugares. La mayoría de eunucos estúpidos se fijan en las de cuerpos apretujados y senos enormes. A mí – por poesía, o probablemente más por patología – me gustan las de apariencia enfermiza. Hace un tiempo conversaba de eso con Daniela y la huevona me salió con una explicación de puta madre. Me dijo que la necesidad de querer mujeres débiles y enfermizas nace de un instinto de protección. De pronto, lo que yo percibía como una aureola intelectual y sofisticada se convirtió en la evidencia darwiniana de mi animalidad elemental. Daniela se cago de risa y me dijo que por eso yo podía engañar a cualquier mujer menos a ella.